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Somos como vivimos

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El último Censo Nacional de Población y Vivienda se realizó en 2010. En siete años, la situación habrá cambiado algo, pero es improbable que lo haya hecho de manera drástica. Según aquel recuento de la ONE, tan acertadamente dirigida entonces por Pablo Tatuck, había en el país 3 millones de viviendas de las cuales 2.662.862 estaban ocupadas... y el 83% tenían problemas.

Hacinamiento, fragilidad de las estructuras, falta de servicios básicos como agua y saneamiento... las malas condiciones de habitabilidad tienen muchas variables y la realidad es que el déficit habitacional del país está lejos de resolverse.

Como es obviamente imposible que el gobierno haga proyectos como el de La Nueva Barquita para todo aquel que necesita una vivienda segura, se hace inaplazable la formulación de otro tipo de soluciones. Organizaciones como Techo, una oenegé dedicada a la construcción y a la reconstrucción de viviendas, apuesta por involucrar al beneficiario en la solución, con el apoyo de voluntarios. El de Domingo Savio contempla dejar a los habitantes de barrios próximos al río en su zona, delimitando áreas, respetando límites y mejorando servicios e infraestructuras. Los precios de la vivienda privada no bajan y los préstamos todavía son caros para la gran masa de población que necesita una vivienda. El esquema de la Ciudad Juan Bosch es todavía un experimento. En los pueblos se replica el problema de las grandes ciudades.

Pero nada de esto importa a la naturaleza. Los huracanes y las inundaciones seguirán ocurriendo. Vigilar dónde y cómo construir mitigará las pérdidas. Y eso sí es parte de la responsabilidad política. Todo río vuelve a su cauce, dice el refrán popular. Y no es una metáfora.

 

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